Cómo gestionar los miedos del deportista

Cómo gestionar los miedos del deportista

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Cada fin de semana, en todos los campos y pistas donde se practica deporte, nos encontramos con 3 factores que, en muchos casos, determinan tanto los resultados como las actuaciones individuales y colectivas. Éstos son la crítica, el rechazo y el fracaso. Es parte de nuestro trabajo saber cómo gestionar los miedos del deportista y enseñarle a dominarlos para acercarnos al éxito como equipo.

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Cómo gestionar los miedos del deportista


1. La crítica

Pese a que podamos creer que esto de la crítica solo ocurre en el deporte profesional, en el deporte de base es una lacra que casualmente parte, en la mayoría de las ocasiones, de ambientes externos al equipo. Todos concocemos frases como: "no lo vais a conseguir", "sois muy malos", "cada día competís peor". Las personas nos creemos con el derecho de criticar acciones de juego, comportamientos de jugadores y entrenadores...sin darnos cuenta que los únicos perjudicados con ello son los propios deportistas. En estos casos el enfado, la vergüenza o el hundimiento, son algunos de los sentimientos que sufre el deportista.

En la base, donde los deportistas aún no son suficientemente maduros para encajar dicha crítica, ¿cómo debemos trabajar con ellos para anular esas malas sensaciones?:

  • Casi siempre, las críticas las profieren personas con baja autoestima y que utilizan éstas para sentirse superiores. Por lo que debemos enseñar a nuestros jugadores a no agachar la cabeza y a responder con asertividad, si fuera necesario. Si hacemos que el jugador tenga seguridad en que lo que hace es lo correcto, nada ni nadie penetrará en su escudo.
  • No hay que sentirse mal para que otros se sientan mejor. Tenemos que trabajar en hacer un equipo feliz y sonriente. El mayor enemigo de una crítica es una sonrisa.
  • El deportista debe aceptar que la crítica es parte del juego. Todos tienen derecho a opinar y decir lo que piensan. Este hecho no debe impedir que ellos sigan su camino con convicción. Nunca se puede contentar a todos con lo que hacemos.

Fallar en un objetivo no es fracasar, sino haber encontrado una forma de no volver a hacerlo así.

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2. El rechazo

Por lo general, con el rechazo nos referimos al momento en el que una persona es excluida de forma deliberada de una situación, conversación o relación. Existen varios tipos de rechazo, pero en el ámbito deportivo estaríamos hablando, por ejemplo, de situaciones en las que jugadores se sienten excluidos del equipo y en las que sienten el vacio de los compañeros.

Las emociones relacionadas con el rechazo incluyen: La rabia: "¿Cómo han podido hacerme esto a mi?"; la depresión: "Recuerdo este horrible sentimiento, quizá me convenga no volver a esperar nada nunca más"; el odio: "Lo odio por haberme hecho esto", o bien "Me odio a mi mismo porque siempre me ocurre lo mismo"; el miedo: "¿Qué será de mí ahora?"

Así, de forma automática los jugadores desarrollan estrategias para no sentirse rechazados, ‘escudos emocionales’ que creen que les protegen. Se adaptan a las expectativas que creen que los demás tienen sobre ellos. Es decir, moldean su forma de ser para encajar en los equipos. En otras ocasiones, optan por rechazar a los demás para evitar el potencial rechazo, antes de que tengan ocasión de darles la espalda.

Los jugadores se creen observados y juzgados, pero en realidad, la mayoría de las veces, la única mirada acosadora, proviene de ellos mismos.

¿Cómo trabajamos con nuestros jugadores para evitar ese miedo al rechazo?

  • Ayúdale a que crea en él mismo para evitar que dependa de lo que creen los demás.
  • Ayúdale a que defina su propia imagen. Saber que tiene cualidades buenas y que aportan al equipo, reforzará su ego.
  • La sensación de rechazo será una oportunidad para mejorar esos aspectos en los que no se está seguro.
  • El jugador debe saber disfrutar, tener recompensas, ante una situación superada de posible rechazo. Esto fortalecerá su autoimagen.

Enseña a tus jugadores que el éxito no es conseguir el objetivo final, sino ir superando los retos del camino.

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3. El fracaso

"He fallado más de 9000 tiros en mi carrera. He perdido casi 300 juegos. 26 veces han confiado en mi para tomar el tiro que ganaba el juego y lo he fallado. He fracasado una y otra vez en mi vida y eso es por lo que tengo éxito”.
Esta conocida frase de Michael Jordan, el mejor jugador de baloncesto de todos los tiempos, se puede aplicar para todos los jugadores que han logrado recuperarse de un fracaso, de un plan de entrenamiento saboteado o de cualquier otra desventura.

No todas las metas que planteamos suceden rápidamente, de hecho casi nunca suceden de la forma que las habíamos planeado. Así que cuando trabajamos por un objetivo tenemos que decirle a nuestros jgadores que es mejor olvidarse de las líneas rectas y comenzar a dar por hecho que el camino tendrá, baches, pendientes y curvas cerradas. Estos inconvenientes a la hora de conseguir los objetivos, pueden producir en el jugador ansiedad y más estrés del necesario y conducirle a cometer errores o a tomar decisiones equivocadas que le alejan del objetivo, sintiendo la sensación de fracaso.

¿Cómo trabajamos con nuestros jugadores para evitar ese miedo al fracaso?

  • Deben ser conscientes de que no son los únicos responsables a la hora de conseguir lo que quieren. Dependen de unos adversarios, de unas condiciones del terreno o meteorológicas, de sus propios biorritmos, de los árbitros, etc. Lo importante es dar el 100% de uno mismo en cada momento.
  • Deben dinamitar el gran objetivo. Es decir, plantearse pequeñas metas que le acerquen a conseguirlo. Al cumplir muchas submetas, la posibilidad de variar el plan para mejorar y volver al camino del gran objetivo, es más factible.
  • Fallar en el objetivo no es fracasar, sino haber encontrado una forma de no volver a hacerlo así. Por lo que el jugador debe aprender que el fracaso es superarse.
  • Lo importante es ser constante, persistente y resistir los malos resultados porque son parte del camino. De hecho, tenemos que enseñar al jugador que el éxito no es conseguir el objetivo final, sino ir superando los retos que se encontrará en el camino.

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