Habilidades de niños que nos ayudan a crecer como entrenadores

Habilidades de niños que nos ayudan a crecer como entrenadores

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Seguro que en algún momento de tu vida, has pensado…”¡Ojalá volviera a ser un niño!”

¿Qué puede pasar para que queramos volver a ser como un niño? ¿Acaso no podemos seguir teniendo muchas de las cosas buenas que supone ser de nuevo pequeños? ¿Se nos han olvidado al no practicarlas?

Lo que es seguro es que siempre tenemos guardado un niño dentro de nosotros y que cuando sale a la luz nuestras sensaciones son siempre buenas: alegría, diversión, felicidad, curiosidad, disfrute… Hacemos cosas que si nos paráramos a pensar, no nos atreveríamos a hacer. Y precisamente ese muro que nos ponemos es el que nos impide poder utilizar, en nuestro beneficio, todas esas cualidades que provocarían un crecimiento personal y profesional increíble.

Y en nuestro entorno deportivo, ¿cómo influye esa pérdida de habilidades infantiles? ¿Nos influiría positivamente, como entrenadores, apoyar las acciones “correctas” de los adultos con las habilidades que tienen los niños?

Imaginaros: ganas de aprender constantemente, el incansable entusiasmo al realizar cualquier actividad, celebrar los objetivos conseguidos, imaginar soluciones inverosímiles... Quitémonos todos esos filtros adultos y aprovechemos las habilidades que nunca debimos dejar olvidadas en nuestro interior.

A continuación voy a enseñarte algunas de esas...

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Utiliza para dirigir a tu equipo las habilidades que tenías cuando eras niñ@. Alegría, diversión, curiosidad, creatividad

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habilidades que nos pueden ayudar a crecer como entrenadores.

La pasión: Los niños hacen todo con pasión. Ya sea jugar en el recreo, ver los dibujos animados, hacer una construcción de piezas, salir de excursión… Nosotros no debemos perder esa pasión por lo que hacemos. La pasión es el elemento que nos va a permitir dirigir todas nuestras energías hacia la meta que nos propongamos. Lo que nos va a otorgar la posibilidad de superar las dificultades porque siempre vamos a ver una salida. Luego las cosas pueden salir bien o mal, pero haciéndolo con pasión, lo más probable es que tengamos éxito.

La gestión del error: Uno de los mayores métodos de aprendizaje que los niños usan es el ensayo-error. Prueban hacer algo y si fallan, lo intentan de otra forma; y así hasta que lo consiguen. No desesperan y son persistentes. Todos los entrenadores nos equivocamos, irremediablemente. Y es por eso que aprendemos. El error es un hecho de nuestro día a día, por lo que no debemos darle importancia. Si es importante lo que hagamos con ese hecho, es decir, como tratemos ese error. Si lo gestionamos mal, aparecerá el fracaso…”no la hago bien”, “no soy capaz de hacerlo”, “soy lo peor”, “mi equipo no vale para ganar”. Si lo gestionamos bien, buscaremos otro método (como hacen los niños) hasta conseguir lo que nos hayamos propuesto y aprenderemos.

La capacidad para aprender: Los niños aprenden a gran velocidad. En los tres primeros años de vida el niño aprende a andar, hablar, piensa de forma autónoma, etc. La experimentación intuitiva les permite descubrir las causas y los efectos que hay detrás de lo que sucede a su alrededor, mejor que cualquier otro método. Nuestro desempeño al frente de equipos y jugadores, nos obliga a estar aprendiendo de forma continuada. De cualquier otra forma nos estancaríamos y con nosotros todo lo que tenemos a nuestro alrededor. Tenemos que actualizar nuestros conocimientos escuchando a los mejores, aprendiendo de nuestros compañeros, incluso de nuestros jugadores. Y ante todo, debemos aprender como cuando éramos niños: experimentando y practicando todo lo que podamos. Pero no solo debemos actualizarnos con nuevos conocimientos. El mundo que nos rodea se mueve a gran velocidad y tenemos que aprender rápido. El saber adaptarse de forma rápida es lo que algunos autores llaman “talento”.

La creatividad: Además de sujetar papeles, ¿qué otros usos podrías darle a un clip? Un niño es capaz de pensar en unos doscientos, mientras que en la edad adulta esta cifra se reduce a unos 15 o 20 en el mejor de los casos. Son los resultados de un estudio realizado por el británico Ken Robinson. Todos hemos visto a niños jugar con una caja de zapatos, imaginarse personajes fantásticos o darle uso a una simple bolsa de plástico. Utilizan su “área creativa” del cerebro al cien por cien. La creatividad es un bien muy preciado en el deporte y podemos relacionarla con la flexibilidad, originalidad y fluidez del pensamiento ante situaciones inesperadas y que nos dan unas respuestas diferentes a las de los demás. Como entrenadores, no debemos coartar el fomento de nuestra creatividad por miedos como el fracaso o el qué dirán. Es muy aconsejable probar cosas nuevas y tener una mentalidad abierta. Experimentar lo “poco habitual” nos permitirá tener experiencias diferentes que, junto con el tiempo, nos hará sacar ante situaciones complicadas nuestra creatividad, a la hora de buscar una solución. Dicen que un adulto creativo es un niño que ha sobrevivido.

El miedo a asumir riesgos: Los niños muy pocas veces dicen que no a algo que se les propone. Lo quieren probar todo, quieren probarse a ellos mismos, siempre están dispuestos a hacer las cosas. El hacer algo les hace sentir importantes, protagonistas de su historia. No tienen miedo a lo que pasará después (a veces son incluso temerarios), lo hacen y luego cuando ya lo han hecho ven qué ha ocurrido y de esa experiencia aprenden. Pero en todo este proceso, no piensan en los riesgos que supone la acción. En cambio nosotros como entrenadores, intentamos llevar nuestros entrenamientos, ejercicios, partidos, etc. al detalle, sin que se salga de un guión establecido para evitar sorpresas. Asumimos pocos o ningún riesgo. Es cierto que en muchas ocasiones hemos pensado… ¿Y si hubiera cambiado el sistema defensivo? ¿Y si hubiera hecho el cambio de jugadores antes? ¿Y si hubiera motivado más al equipo? Innumerables preguntas que nos invaden cuando no conseguimos lo que queremos y que surgen por no tomar riesgos. Seamos como los niños y arriesguémonos. Después ya tendremos tiempo de valoraciones pero… ¿y si nos sale bien?

La celebración: Los niños lo celebran todo. Fíjate en estas situaciones, seguro que las has vivido. Vamos a ver una película de dibujos: ¡¡Bieeeen!! Nos vamos al centro comercial: ¡¡Bieeeen!! Hoy comemos espaguetis: ¡¡Bieeeen!! Siempre tienen un motivo para celebrar las cosas que les pasan. Ahora mírate tú como entrenador. ¿Qué celebras? Sí, todos celebramos las victorias de nuestro equipo pero hay muchísimas otras cosas que celebrar y que nos perdemos por pasar desapercibidas. Un buen entrenamiento del equipo, un objetivo cumplido de un jugador, una buena defensa, el que los jugadores hayan aprobado el curso, ganar un juego, conseguir un gol, solucionar el problema de un jugador, ascender un puesto en la clasificación… seguro que si lo pensamos todos los días que estamos con nuestros equipos podríamos celebrar algo. Y no nos referimos a pensarlo sino a expresarlo. Salta, grita, emociónate, abraza, comparte…

…Siéntete como un niño.

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